Hoy no circula en Paris

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A comienzos de semana las autoridades parisinas no tenían más remedio que actuar para aplacar de algún modo la contaminación descontrolada de la ciudad. Los niveles de partículas pequeñas en suspensión PM10 alcanzaban una cifra alarmante. Ante esto, se establecía de forma excepcional un sistema de tráfico limitado basado en el acceso en días alternos en función de los números de matrícula par e impar de los vehículos.

El panorama mejoró el pasado martes, y se levantó la medida. Pues bien, se han alzado varias voces criticando con dureza que esta medida de tráfico alterno no sólo no es eficaz para combatir la contaminación, sino que además puede resultar muy contraproducente.

Así lo apunta, entre otros, Lucy Sadler, responsable en la coordinación de las zonas de bajas emisiones en Europa. Para ello, recuerda los datos de estudios llevados a cabo en ciudades que han intentado atajar la contaminación con esta medida de tráfico alterno, como Atenas, Pekín, o México DF.

Advertencia por contaminación en ParísResulta un efecto parecido al de intentar reducir una población bacteriana con un antibiótico inadecuado: el problema se agrava. Esta afirmación se basa en el hecho de que en esas ciudades en las que suele aplicar el tráfico alterno, la solución razonable desde el punto de vista económico pasa por adquirir otro coche de matrícula par o impar, según convenga.

La gran mayoría busca que estos sean lo más baratos posibles, sin importar antigüedad, y por tanto, que terminan siendo menos eficientes y más contaminantes. Martin Lutz, del departamento para el desarrollo y el medio ambiente urbano de Berlín, se muestra igualmente su desacuerdo con la medidas de tráfico alterno, criticando que no estimulan a los conductores a buscar motorizaciones alternativas.

En el caso de París, esto no es del todo cierto, pues del control se libraron los coches eléctricos e híbridos. No obstante, el sistema que propone Lutz como más eficaz es el de limitar en función de las emisiones, algo que ya aplican a rajatabla capitales como Londres.

La filosofía que propone en cuestión no va encaminada tanto a bonificar a los que menos contaminan, como a hacer pagar a los que más.

Si alguien está contaminando, ¿por qué la sociedad debería subsidiarlo? En términos de contaminación ambiental, el contaminador ha de pagar.

Si hablamos de pagar, en París hace unos días sí que funcionó la conciencia ciudadana. La mayoría obedecieron y muchos además aprovecharon el transporte urbano y el coche compartido gratuito para la ocasión. No obstante, muchos ignoraron la medida, llegando a contabilizarse más de 4.000 euros en multas.

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